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Lechuza en Terracota

Una de las primeras piezas que realicé estando en Uruguay

Una de las primeras piezas que realicé estando en Uruguay

La cerámica… una de mis pasiones. Esta imagen es muy importante para mi, ya que fue una de las primeras pruducciones que realicé al reencontrarme con esta técnica que tanto amo. Aquí todavía estaba fresca, y acababa de ahuecarla con un devastador, para evitar problemas durante la bizcochada.

La realicé para mi abuela, que ya no está conmigo, y la guardo como un grato recuerdo de ella.  Había comenzado “sin querer”, una enorme colección de lechuzas, después de que mi padre le regalara la primera de la colección, alegando que ella le hacía acordar a una lechuza. Suponemos que por su sabiduría, aunque lo cierto es que algo tenía físicamente que a uno lo hacía acordar a una, así que es posible que este fuera también un motivo.

La cosa es que después de esta primera, muchos amigos empezaron a regalarle lechuzas de todo tipo, traídas de viajes, o simplemente por su originalidad.

Luego del secado de la pieza, se le realizó la primera cocción, se esmaltó y le hicimos un Rakú. Lamentablemete no tengo imágenes de ese mágico momento, en el que la pieza se debe sacar del horno al rojo vivo, para ser introducida en un recipiente lleno de aserrín.

El aserrín con el calor que desprende la pieza se incendia inmediatamente, dejando la superficie de la pieza totalmente negra.

Al limpiarla con un paño, el esmalte se ha cuarteado por el cambio brusco de temperatura, y todas las grietas son indefectiblemente de color negro.

Este proceso puede revertirse si vuelve a hornearse la pieza nuevamente, pero no fue el caso de mi Lechuza.

No mucho tiempo después el Taller que frecuentaba cerró, se mudó, y lamentablemente perdí muchos trabajos que habían quedado allí.

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